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sábado, enero 27, 2007

Los 15 minutos del café

Me hacen gracia los antidisturbios cuando los veo en la tele. En el fondo me dan un poco de pena, pero me hacen gracia. Son los pringadillos que ponen en primera línea de fuego a aguantar las embestidas de masas furibundas de hinchas radicales de fútbol, anarkistas okupas o sindicalistas de los astilleros de Jerez.

Antes un policía rezumaba autoridad, y como te pusieras chulo sacaban la porra y de endiñaban dos hostias antes de decir predicado, pero ahora… es cierto que parece que los antidisturbios arrean, pero yo diría que es más lo que dicen los medios. Si a un antidisturbios le queman la jeta con un cocktail molotov, los periolistas se callan como putas, pero ay del picoleto que suelte dos porrazos de más, lo cuelgan del palo mayor. Y es que el tema es jodido, los políticos (esos mequetrefes, ladrones y embusteros sin ideología mayor que el bricodinero y la foto fácil) te sueltan a controlar mareas de joputas encabronados, borrachos sedientos de zapatiesta antes de un partido de fútbol. A defender autobuses de paletos vestidos de Armani que ganan en 90 minutos más de lo que trincarás en toda tu maldita vida y además tienes el convencimiento de que alguna te llevarás, y si te pillan sólo en un portal de darán las del pulpo. Si luego tienes huevos de salir y repartir un poco de estopa, el político de turno, el que te mandó allí saldrá pidiendo tu cabeza en nombre del consenso, el talante, la pluralidad y sus votantes mojigatos y meapilas; y diciendo que los chicos son jóvenes y que no éstos son otros tiempos.

Pero es que la vida es perra, y arrieros somos y en el camino nos encontraremos y la venganza se sirve en plato frío, etc. Y llega un día que te mandan custodiar al político de turno, que va a soltar su perorata y hacerse unas fotos, y la gente está hasta los mismísimos porque se han enterado de que el pollo hace horas extras con constructores y a ti no hace más que subirte los impuestos y no tienes para llegar a fin de mes. cafeTotal que el ambiente está tenso y sabes que se va a repartir candela, porque llevas tiempo en esto y conoces el percal. Que habrá para todos, vaya. Y en una de estas que empiezan a llover galletas y tú que tienes que proteger al pollo, ese que te dejó sin sueldo dos meses, ese que justificó a los que te pusieron la cara como un puzzle, piensas ¿y si me tomo los 15 minutos del café?

miércoles, diciembre 27, 2006

Una de políticos

De los políticos el más leal es un rufián. Ninguno sabe lo que significa honestidad.
El buen político es charlatán, amigo de la mentira, embustero y holgazán. Ni el honor ni la vergüenza entran en su cabeza. El cargo público engorda su botín y usa pantalones con bolsillos sin fin.
El político de carrera es un trepa por naturaleza, un pelota, una rastrera comadreja. Reniega de la consejería de cultura como si fuera una maldición, y abraza al urbanismo con las manos abiertas y los ojos llenos de ambición. A Roca lo tienen en un altar y es su guía espiritual. Amigo de constructores, les cobra buenas comisiones, pero como todos hinchan la saca, a la fuerza se callan. Comen como gorrinos, del cerdo tienen las hechuras y se mueven con soltura entre toda esa basura. Su buche no encuentra final. Beben hasta vomitar y con el dinero común iluminan los clubes de la Junquera a Gibraltar. Y de coca, un tirito antes de cada sermón, que hay que estar a tope para la ocasión.
El político nacional, del bien común nunca oyó palabra y la escuela, ni pisarla. Mataría por una foto y por una portada, es experto en hablar y no decir nada. Idiomas no conoce ni falta que le hace, para trincar un buen jornal no hace falta estudiar. Expropiar y recalificar son palabras que le hacen gozar. Por el voto de las minorías, a su madre prostituiría. No sabe lo que significa dimisión, y si las cosas van mal pide una comisión. La cara tiene de hormigón y las espaldas como un camión. Cuando alcanza el poder, lo abraza con fervor religioso, jura y promete y cuanto toca envilece. Su ley es el cohecho y de problemas no sabe nada. Cobra al contado y cuando toca apoquinar, hincha el trapo y rola a escapar. Pide moderación cuando aparece en televisión, pero el muy cabrón qué bien vive a costa de la recaudación.